Carmen Carrillo
Siempre he pensado que tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro odiaron y odian al estado Bolívar o a sus habitantes porque desde el 2000 nos tocaron gobernadores y alcaldes, (del MVR 200; luego del MBR; después de las UBCH y ahora del Psuv), que sólo se preocuparon por resolver su vida familiar y hundir en la más perfecta miseria a los residentes del estado más grande del país.
Tuvimos un capitán, un general, un mayor general, un sindicalista y ahora, una mujer. Sólo que cada uno en su ámbito, siempre fue un perdedor. Llegaron al poder gracias a que iban en el carro del chavismo pero ellos per sé nunca fueron brillantes.
No se cuántos estados del país han estado eternamente bajo la égida del Psuv o del gobierno chavista o del madurismo, pero es cierto que desde el 2000 más nunca la oposición ha logrado llegar ni cerca de la puerta de la casa de gobierno en la calle Constitución, de Ciudad Bolívar.
Por supuesto eso ha generado una especie de proceso depresivo generalizado entre la dirigencia de oposición, al punto que aunque tuvieran la posibilidad alguna vez de ganar, ellos se empeñarían en perder porque son 25 años siendo sometidos desde el punto de vista emocional, espiritual y moral. Y crematístico. (Después le explico).
Amén de que contamos con los mismos candidatos de siempre. Andrés Velásquez, Raúl Yusef, Francisco Sucre y hasta Carlos Gibson, que hecho el estúpido, se postula por tercera vez para un cargo de elección popular, o sea, es decir, virgen no es, aunque él quiere aparecer como una casta y mansa paloma, que «hace el sacrificio por el estado», si Luis.
Carlos Gibson está echando vaina desde la época de Jorge Carvajal Morales en gobernación cuando usando la voz que es parece ser su único instrumento de trabajo y su odio, pero eso es normal, se ubica en el grupo de los «audaces» como César Ramírez, otro de los eternos; mi amigo Henry Arias; Noel Vargas; José Mollegas; Freddy Valera; y sí se me olvida alguno, le pido disculpas, en mi caso es la edad, o el mismo escenario de siempre que ya fastidia.
Es una tragedia lo que se vive en Bolívar porque su dirigencia de oposición, simplemente da por descontado que ya perdieron la gobernación.
Es tan impresionante el grado de sumisión y de derrotismo y baja autoestima que asusta. No hay dirigentes y menos líderes que asuman el compromiso con valentía y entrega para alcanzar el triunfo.
Siempre hay una excusa, buena o mala. Todo es culpa de otro. Nadie se detiene a ordenar la situación, como diría el borrachito: «Orden en la pea».
Dígame cuando los posibles candidatos empiezan a jugar ser ellos los OPERADORES POLÍTICOS y no candidatos; bueno ahí viene la tormenta perfecta y el desastre total.
Se dedican a llamar a los jefes de los partidos nacionales y regionales para producir un estado de anarquía total. Pero eso no queda ahí. Si son candidatos se proponen dividir lo que sea para ellos montar su estrategia.
Porque así pasan de candidatos a operadores políticos y de allí a estrategas, expertos en marketing electoral, en imagen, en jingles, en notas de prensa, son una especie de Jóvito Villalba mezclados con Carlos Canache Mata, con la diferencia que esos candidatos son como Elon Musk, sólo ven videojuegos y leen redes sociales.
Canache y Villalba, leían algo, aunque fueran periódicos y por eso sabían de lo que hablaban; los nuestros no leen ni Condorito. No saben quién es Yuyito, ni Garganta de lata y mucho menos Cone.
Tenemos entonces un exceso de candidatos con un exceso de falta de humildad, como habría dicho alguna vez Gonzalo Barrios de Carlos Andrés Pérez.
Estos candidatos-operadores-estrategas pasan entonces a competir en el ámbito de la estupidez con los jefes de los partidos, nacional o regional, quienes a lo único que aspiran es a estar en el primer puesto de la lista a diputados.
El asunto toma entonces visos de película o serie de terror, tipo Martes 13 o Paradise, usted escoge. Porque esos jefes de partidos y esos candidatos-operadores-estrategas hacen lo que sea necesario, acaban con quien sea necesario, destruyen lo que sea necesario porque están convencidos que no van a ganar y cómo pues, con esa forma de actuar.
Claro siempre surgen dos o tres que observan el panorama y ven posibilidades de triunfo por lo que tratan de enderezar las cosas, pero que va, los eternos, audaces e ignorantes, salen a acabarlos porque eso implica brindar esperanzas y ellos no tienen, por lo tanto no quieren que eso se propague como una enfermedad. Eso es malo tener esperanzas.
El mejor ejemplo de lo que aquí escribo ocurrió en el ámbito nacional con la ignorante de María Corina Machado y los genuflexos de la Plataforma Democrática.
Lo lamentable es que eso se repite en algunos estados del país, ejemplo Bolívar, cuyos aspirantes, dirigentes, creen de antemano que van a perder.
Estamos en tiempos muy difíciles en la política de oposición, candidatos sin ninguna posibilidad, candidatos con posibilidad metiéndose autogol, candidatos con experiencia tratando de dividir todo, así es imposible hacer política. Se cansa uno.