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    ¡Tucupita! Si Existe

    Hernán Martínez (CNP 17.517)

    En un despliegue sin precedentes de velocidad, naturaleza y compromiso social, Tucupita se erigió como el epicentro del motorismo nacional.

    La fusión magistral del 4to Rally Ecoturístico Delta del Orinoco y el esperado Rusty Trial 4X4 transformó la geografía deltana en un santuario de adrenalina, consolidando al municipio como un destino turístico de primer orden en Venezuela.

    La imponente flota de 90 embarcaciones, provenientes de nueve estados del país, surcó las aguas privilegiadas del Delta.

    Entre ellas, una destacada delegación de 15 naves de Ciudad Bolívar, comandadas por capitanes profesionales, zarpó desde la histórica región bolivarense para sumarse a esta gesta deportiva.

    Voces del triunfo fue el factor humano

    El capitán Juan Bolívar, visiblemente emocionado, destacó la hospitalidad de la organización y el sobrecogedor impacto de los paisajes deltas: “Es un regalo de Dios que nos permite reencontrarnos con la belleza pura de nuestra naturaleza”, expresó el deportista, extendiendo un agradecimiento especial a la familia Lacourt, liderada por Angelo Lacourt, por la impecable ejecución del evento.

    Por su parte, el empresario y capitán Arpad Bende calificó la organización como «impecable», resaltando la capacidad de respuesta ante cualquier imprevisto y, sobre todo, el invaluable calor humano de la población local que recibió a los navegantes con los brazos abiertos.

    Más que un Rally también fue motor económico y filantrópico

    El evento no solo aceleró motores en el agua; también dinamizó con fuerza la economía regional. Hoteles y restaurantes operaron a su máxima capacidad, evidenciando el potencial del Delta Amacuro para convertirse en la capital nacional de la motonáutica.

    Sin embargo, el alma del rally trascendió la competencia. Deportistas como Carlos Machín celebraron el rescate de estas actividades que fortalecen la identidad nacional.

    Asimismo, Arlen Fernández invitó a ver el evento desde una óptica humanitaria: «Aparte de este gran acontecimiento deportivo reconoció  que la  celebración deportiva, también  fue una experiencia filantrópica.

    La familia Lacourt, estuvieron pendientes en todo momento de los detalles propios de una experiencia como esta, con una gran receptividad y familiaridad.

    Compartir con la etnia Warao, llevar jornadas médicas, medicamentos y regalos para los niños, nos recuerda el mandato divino de reencontrarnos con nuestro prójimo», afirmó Fernández.

    El intercambio cultural y comercial también benefició a los sectores indígenas mediante la adquisición de artesanías, cerrando un ciclo perfecto entre deporte, turismo y responsabilidad social.

    Tucupita no solo «existe»: hoy brilla con luz propia en el mapa del turismo de aventura venezolano.

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