Más que una elección abierta, Perú enfrenta en estas elecciones generales una prueba de fondo: si su sistema político es capaz de corregir una inestabilidad crónica o si, por el contrario, volverá a reproducirla.
Los comicios de este 12 de abril de 2026 en el país andino son considerados por las principales encuestadoras como los más impredecibles en años.
La razón principal es la fragmentación extrema: 35 candidatos presidenciales compiten en un escenario donde ningún liderazgo logra consolidarse.
Según el último simulacro de la encuestadora Ipsos, Keiko Fujimori lidera con 16 por ciento de intención de voto.
La hija del expresidente Alberto Fujimori compite por cuarta vez confiada de finalmente alcanzar la presidencia. El resto de candidatos se mantiene en torno o por debajo del 10 por ciento, en un panorama altamente disperso.
El segundo lugar lo disputan figuras como el exalcalde de Lima Ricardo Belmont, el humorista Carlos Álvarez y el izquierdista Roberto Sánchez, cercano al legado de Pedro Castillo.
También aparece el conservador Rafael López Aliaga, aunque con menor impulso reciente.
Un Congreso más poderoso y más conflictivo
Además de elegir presidente, los peruanos escogerán un Congreso bicameral tras más de tres décadas, con 130 diputados y 60 senadores.
El Senado no podrá ser disuelto y tendrá amplios poderes legislativos. El cambio busca, en teoría, frenar la inestabilidad que llevó al país a tener ocho presidentes en una década.
Una segunda vuelta abierta
En este contexto, la analista Peña considera prácticamente asegurado el pase de Keiko Fujimori a la segunda vuelta.
La incógnita es quién la acompañará. El voto regional, históricamente decisivo y con un fuerte componente antiestablishment, vuelve a ser clave.
Además de la mano dura contra el crimen, que algunos candidatos han tratado de proyectar. En 2021, ese mismo voto permitió el ascenso inesperado de Pedro Castillo. «Siempre hay espacio para una sorpresa», afirma, por su parte, Dargent.
(ms)/DW Actualidad
