Carmen Carrillo
En esta segunda entrega hay que señalar que Qatar fue el escenario de la negociación que permitió que Estados Unidos decidiera hacer el pasado 3 de enero la extracción quirúrgica del aún presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores.
Pero ni crean que Nicolás no estaba al tanto de eso. Los hermanos Rodríguez habían sido autorizados, suficientemente, por el propio Maduro. El detalle estuvo en que los cubanos nunca le dieron el visto bueno a dicha operación.
Entonces, Nicolás buscando una salida salomónica contra ofertó que lo dejaran estar un año o dos más en el poder pero al final los gringos dijeron que no.
Allí fue que los “traidores” y fíjense se coloca entre comillas porque técnicamente no estaban actuando a espaldas de Nicolás tomaron la decisión de “prenderle candela al rancho”.
La caída de Maduro no fue el fin del sistema, sino el fin de una era de subordinación. Al permitir la extracción del hombre que no sabía decir ‘no’ a La Habana, la nueva cúpula en Caracas ejecutó su propia liberación.
El 3 de enero, Venezuela no solo perdió a un presidente; cortó, con precisión quirúrgica y ayuda extranjera, el cordón umbilical que la mantenía atada a la isla».
Ayudó la tecnología norteamericana y uno que otro celular apagado. Gracias a Dios porque desde hacía 25 años, Cuba gestionaba, gerenciaba y manejaba los ingresos, el petróleo, el oro, el terror, la vida y la muerte de los venezolanos.
Y nunca nadie levantó la voz. Se quejaron de los iraníes, de los chinos, de los rusos, pero de los cubanos que era la garrapata pegada a la piel del país jamás dijeron nada.
Decir que Chávez murió a manos de los cubanos, seguramente es exagerado pero Fidel Castro, percibió que el hombre que llegó con el apoyo de la godarria caraqueña para salir de los partidos políticos en Venezuela era inmanejable.
No así Nicolás Maduro, formado en la Escuela de Formación Política de La Habana. Era un durmiente. Y se despertó para los intereses cubanos que manejaron el petróleo como si ellos fueran una empresa de logística, los procesos de identidad de los venezolanos, la alimentación, la salud y administraron la muerte.
Pero hasta qué punto Cuba tuvo que ver con la caída de Nicolás Maduro.
Operación Determinación Absoluta
El uso de tecnología sónica en la Operación Determinación Absoluta del 3 de enero de 2026 ha sido confirmado por el propio Donald Trump en entrevistas recientes con NewsNation y el New York Post.
Trump reveló que el dispositivo utilizado en la Operación Determinación Absoluta se denomina internamente «The Discombobulator», una tecnología de energía dirigida que describió como «única en el mundo».
Testigos en Fuerte Tiuna describieron una «onda sonora intensa» que causó sangrado nasal masivo, vómitos de sangre e inmovilización inmediata de los guardias (especialmente de la custodia cubana), permitiendo la extracción de Maduro sin que los defensores pudieran disparar.
Además de incapacitar personas, el arma habría servido para interrumpir sistemas de radar y defensa aérea, dejando al ejército venezolano «ciego» durante el ataque.
¿Relación con la Embajada en Cuba (Síndrome de La Habana)?
Existe una conexión teórica y mediática muy fuerte entre este evento y lo ocurrido en 2016 en la embajada estadounidense en La Habana:
Los efectos descritos en Caracas (vértigo, desorientación, náuseas y problemas cognitivos) son idénticos a los del Síndrome de La Habana.
Analistas sugieren que el Pentágono pasó años investigando y tratando de «descifrar» los dispositivos que causaron el Síndrome de La Habana (presuntamente de origen ruso o cubano).
La Operación en Venezuela sería la primera vez que EE. UU. despliega una versión perfeccionada y amplificada de esa misma tecnología como arma ofensiva de campo.
El Ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, denunció que Venezuela fue utilizada como un «laboratorio» para probar este armamento secreto que combina microondas pulsadas y ondas acústicas.
Aunque Trump se jacta de haber evitado una masacre mayor gracias a esta «arma no letal», expertos en derecho internacional cuestionan si estos dispositivos violan tratados sobre armas químicas o biológicas debido a los daños internos y neurológicos permanentes que podrían causar, similares a los que sufrieron los diplomáticos en Cuba años atrás.
En resumen, aunque no se ha admitido oficialmente que sea la misma máquina, la comunidad científica y militar coincide en que «The Discombobulator» es la evolución tecnológica de los ataques acústicos reportados por primera vez en la isla caribeña.
¿Dónde estaban China y Rusia?
Una de las preguntas que se hizo el mundo, cuando ocurrió la extracción de Nicolás Maduro fue ¿Dónde estaban los aliados de Caracas?
La respuesta no es una falta de poderío, sino una combinación de estrategia geopolítica y la naturaleza del ataque.
Aquí los motivos principales por los que Rusia y China no intervinieron:
1. El factor sorpresa y la «Guerra Relámpago»
La operación duró apenas unas horas. Rusia y China tienen presencia en Venezuela, pero no un pacto de defensa mutua que obligue a una respuesta automática.
Velocidad: Para cuando Moscú o Pekín pudieron confirmar qué estaba pasando en Fuerte Tiuna, Maduro ya estaba en un avión rumbo a EE. UU.
Parálisis de comunicaciones: Los ciberataques y el uso del arma sónica «Discombobulator» no solo afectaron a los venezolanos, sino que dejó a los asesores rusos en el sitio incomunicados.
2. El costo de una Tercera Guerra Mundial
Aunque Rusia tiene armamento avanzado (como los sistemas S-400 o misiles hipersónicos), iniciar un combate directo contra fuerzas estadounidenses en el Caribe —el «patio trasero» de EE. UU.— habría escalado a un conflicto global.
Rusia: Estaba más enfocada en sus propios frentes (como Ucrania) y prefirió limitar su respuesta a la condena diplomática en la ONU, calificando el acto como un «secuestro».
China: Su enfoque es comercial. Aunque han invertido miles de millones en Venezuela, su doctrina evita la confrontación militar directa lejos de sus fronteras. Prefieren recuperar sus deudas mediante negociaciones con quien tome el poder, como se ha visto en su postura pragmática post-ataque.
3. La ausencia de un portaaviones o defensa fija
EE. UU. tiene una ventaja geográfica total. Para que Rusia o China hubieran podido «ayudar» militarmente ese día, habrían necesitado:
*Una flota de portaaviones permanente en el Caribe (que no tenían).
*Sistemas de defensa que no dependieran de la red eléctrica venezolana, la cual fue saboteada digitalmente minutos antes de la extracción.
4. ¿Abandono o realismo?
Analistas sugieren que tanto Putin como Xi Jinping consideraban a Maduro un aliado «incómodo» y costoso. Al no haber una invasión terrestre masiva (ocupación), sino una extracción quirúrgica de una persona, el costo político de iniciar una guerra nuclear por un solo hombre no les resultó rentable.
En resumen: tienen el poder, pero no tenían la logística inmediata ni el interés suicida de enfrentarse a la maquinaria de guerra de Trump en su propio hemisferio.
La captura de Nicolás Maduro ha generado pérdidas financieras masivas para China y ha puesto en riesgo miles de millones de dólares en préstamos e inversiones.
Pekín está ahora en una ofensiva diplomática para salvar sus intereses económicos.
La deuda venezolana con China no es tan alta como con otros países. Hay un monto pendiente porque Venezuela le debe a China entre 10.000 y 12.000 millones de dólares en préstamos pendientes de pago hasta finales de 2025.
Otras estimaciones de analistas elevan la cifra hasta los 20.000 millones de dólares.
Desde 2007, China otorgó más de 60.000 millones de dólares en préstamos a Venezuela mediante acuerdos de «petróleo por deuda» (oil-for-loans).
Venezuela pagaba estos préstamos enviando grandes volúmenes de petróleo a China a precios fijos, a menudo depositando el pago directamente en cuentas de prestamistas estatales chinos como el Banco de Desarrollo de China.
Pero la situación cambió drásticamente tras la operación militar, ya que EE. UU. ahora controla los flujos de petróleo venezolano:
El petróleo venezolano que antes fluía a las refinerías chinas ahora está siendo redirigido hacia el mercado estadounidense.
Todo gracias a un acuerdo con Delcy Rodríguez. La administración Trump negoció un acuerdo con la presidenta interina Delcy Rodríguez, mediante el cual EE. UU. comercializará el crudo y gestionará los ingresos antes de transferir una porción al nuevo gobierno venezolano.
Los fondos de las ventas se depositan en cuentas auditadas por EE. UU. y el Departamento del Tesoro controla su desembolso, lo que bloquea de facto los mecanismos de pago que China tenía para cobrar su deuda.
China, que ve la acción de EE. UU. como un intento de expulsarla de la región, ha condenado enérgicamente la operación militar y la «apropiación» de los recursos petroleros venezolanos.
Por ello ha iniciado una intensa ofensiva diplomática para obtener garantías sobre sus intereses legítimos. Y además ha reconocido que sus inversiones multimillonarias están en grave riesgo de volverse «papel mojado».
En resumen, los activos y la deuda venezolana se han convertido en un nuevo campo de batalla geopolítico entre EE. UU. y China, y Pekín se enfrenta a la posibilidad de perder su inversión estratégica de dos décadas en el país caribeño.
