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    Inteligencia emocional pasa a ser un «superpoder» frente al avance de la IA

    El desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) transforma aceleradamente el entorno laboral al asumir tareas complejas, pero carece de la capacidad para generar confianza o hacer que las personas se sientan valoradas, hasta los momentos.

    En este contexto, la experta en liderazgo y desarrollo humano, Carol Parker Walsh, señala en una publicación reciente para la cadena CNBC que la inteligencia emocional se convierte en una superpotencia poco común y altamente necesaria.

    Una de las principales señales de poseer esta habilidad es la capacidad de hacer que las personas se sientan seguras en su entorno de trabajo.

    Los líderes emocionalmente inteligentes construyen espacios donde sus colegas expresan preocupaciones libremente antes de que se conviertan en problemas graves, evitando la censura y fomentando la honestidad desde el principio.

    Otra característica fundamental es la pausa consciente antes de reaccionar ante situaciones adversas. En lugar de permitir que el estrés dicte el comportamiento o apresurarse a buscar soluciones sin comprender el panorama completo, quienes dominan sus emociones esperan unos segundos para que la intención supere al impulso.

    Esto les permite indagar sobre las opciones previas, entender las causas subyacentes y determinar exactamente qué se necesita de ellos en ese momento.

    El manejo fluido de la tensión representa también un claro indicador de esta competencia profesional. Frente a un conflicto, es común que las personas intenten evadir la situación para complacer a todos o, por el contrario, terminen intensificando el problema.

    Sin embargo, un alto coeficiente emocional permite mantener la firmeza, abordar la preocupación de manera directa y avanzar sin perjudicar la confianza del equipo.

    El pensamiento crítico adquiere un valor especial en la era de los algoritmos y la automatización. Mientras que las máquinas procesan datos rápidamente, la experta destaca en su artículo que una persona emocionalmente inteligente no acepta la primera respuesta que recibe.

    Por el contrario, analiza qué información falta, evalúa las perspectivas excluidas de los datos y determina si las recomendaciones realmente tienen sentido para las personas involucradas.

    Finalmente, la autora sugiere integrar la autoevaluación reflexiva como una práctica diaria para fortalecer estas habilidades.

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